“LA FILOXERA NACIÓ A UNA TEMPRANA EDAD”
Martes, 21 de Abril de 2009 08:57

Esta frase que tomamos prestada a Groucho Marx nos ha servido durante años para presentar el fanzine, un producto salido de la imaginación de unos cuantos jóvenes benicarlandos, allá por el año 1.993.

Aún recuerdo la ilusión haciendo el número 0, fotocopiado con nocturnidad y alevosía en la oficina del progenitor de uno de nosotros y tan deprisa y corriendo que no nos dio tiempo a hacer una portada como Dios manda.

Este número llevaba crudas poesías adolescentes, una entrevista al grupo Calibre, paridas varias, un cómic mío a partir de la letra de una canción de Extremoduro y un montón de ilusión que duró tanto como decir: chispum.

Mientras los demás descubrían la vida veinteañera, yo ya me había enamorado de los fanzines, así que seguí solo el camino. Busqué colaboradores y no me fue del todo mal hasta que el número 4 lo dediqué por completo a ellos, yendo totalmente en blanco.

Pero era época de Cactus, Non, Cent-peus, Black, Guetto, de Vespino kustom, de BeniRock, de vaqueros ceñidos, de muchísimas risas, Trainspotting, El Día de la Bestia, Rage Against The Machine, EZLN, Ballbreaker, Nirvana, Imaginations From The Other Side, litros y litros de cerveza fresquita, Far Beyond Driven, Pulp Fiction, Brandon Lee... ¡Jajajajaja, era el mejor caldo de cultivo para un fanzine como LA FILOXERA!

Otro grupo de gente también metidos en la cooltura me propusieron colaborar con la condición de que el fanzine fuera mensual y así comenzó la etapa que con más ilusión se vivió en La Filoxera. Llegamos a tener más de veinte patrocinadores que hacían más llevadero el asunto económico.

A mediados de 1.999 llegó el color a nuestras vidas, jeje, pero sólo en forma de folio coloreado para la portada, aunque con eso ya bastaba para ver lo que podía dar de sí cuatro papeles mal fotocopiados y grapados. Así nos mantuvimos hasta el número 29 una cifra nada desdeñable para el fanzinerismo español, acostumbrado a encumbrar a autores fanzineros en sus glorioso números uno, dos y se acabó.

Las colaboraciones por aquel entonces ya nos venían del extramuros: Numen o El Gaucho eran publicaciones afines, de Pamplona y Valencia que se sumaban a la idea de la reprocidad y del colegueo que nos ha mantenido vivos hasta ahora. Era la época de grandes secciones: Los Anales de la Filo o el Hidepú; personajes míticos: Carlinho Do Pado, Molotillo, el Señor Paco, Smile Man...

Gracias al buen hacer de Manolo Rock y dentro del sello Subterráneo Records, editamos un cd recopilatorio con grandes formaciones de toda la costa levantina: Papa Chamán, Coco, Tinc Ladilles, Dissidence, Versículo Zero o Huevos Duros, entre otros.

Y en el Verano del 2.000 tiramos la casa por la ventana y lucimos la primera portada a todo color que, como buenos benicarlandos, reflejaba a todos los personajes filoxéricos en la barca del Cristo del Mar. La periodicidad cambiaba a trimestral y ya habíamos aparecido sobradamente en El Víbora o El Jueves e incluso Azagra había parodiado un cómic mío.

La Filoxera se llenaba con poesías visuales gracias a José Carlos Beltrán o José Sabater y bastoncillos de algodón, pesetillas o pastillas de jabón eran usuales regalos de esta época gloriosa en la que aparecíamos en la tele gracias a Anem de Bólid.

Tras haber conocido de primera mano el Salón del Cómic de Barcelona, nos unimos al sello Epicentro a principios del 2.002, pero la cosa no cuajó (libre de malos rollos, eso sí) y seguimos vía libre con paridas tan elaboradas como la glamurosa portada del número 44. Era la transición entre los sábados de fiesta en la sede de San Crístobal y el nuevo local social de la Mar Seixanta Nou: Virgi, Josep Igual, Alicia Coscollano, Baskerville... Óscar, cantante de Lujuria, se ponía nuestro guante de látex, regalábamos ostias.

Ya en el 2.003 nos sumamos a la magia del Festival de Cine de Comedia de Peñíscola gracias a Borja Crespo y fue otra época dorada para la Filo. La Ciudad en el Mar se convertía en nuestra segunda casa durante quince días cada año para pasarlos junto a Álex de la Iglesia, Javier Fesser, Nacho Vigalondo o Álex Angulo y en Mayo del 2.005 tenía lugar una experiencia con mayúsculas al encontrarnos por primera vez con sendos artistas como Jairo y Dani, sumos hacedores de Chaparra Entertainment.

El pub Hot Rod de Peñíscola requería nuestra visita diaria y entraba el Jägermeister en nuestras vidas. Las melenas se iban y llegaban las patillas. Yo ya había cambiado el rotulador por el programa Paint. La periodicidad se iba alargando y en el 2.007 tuvimos nuestro momento de gloria al contar con un lector como Peter Fonda.

Para cerrar una larguísima etapa, nada mejor que una quedada motera como la que hicimos en Mayo del 2.008. Era el 1.042, encuentro de motoristas que nos adentraba en otro mundo también underground y que servía de entrante para el gran éxito editorial El Libro Gordo de Pepito, que contaba las vicisitudes de un chiringuito de helados en la playa.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Ya en el 2.009 continué el camino fanzineroso por otros derroteros aunque sin dejar de editar esta entrañable maraña de páginas y para celebrar el décimo quinto aniversario, se puso en funcionamiento esta web y se convoca el Concurso Nacional “Joven Fotógrafo”.
Al concurso, que llegó a la categoría de "internacional", se le sumaron diversas exposiciones en locales de Benicarló. El "Orgullo Panda" de Juarma, "Por Amor al Arte" o "Batracels" de Hugh Gasman.

En el 2.010 apareció la útima Filo...

... y parece que en el 2.012...

Hugo Losina
 

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